¿Hasta cuándo?
- Oriol Umbert R
- hace 5 días
- 3 Min. de lectura
El "atraco" de siempre en el Bernabéu ante un Rayo heroico
Oriol Umbert. Opinión.-
Lo de hoy en el Santiago Bernabéu no ha sido fútbol; ha sido un ejercicio de supervivencia contra los elementos. El Real Madrid ha vuelto a llevarse tres puntos que no le pertenecen, firmando un 2-1 contra el Rayo Vallecano que pasará a la historia de la infamia por el descaro arbitral y el comportamiento antideportivo de una plantilla que parece tener licencia para todo.
El guion de siempre: Penaltis y "piscina"
Cuando el fútbol no les llega, aparece el silbato. Es indignante que, en pleno 2026, sigamos viendo cómo se inclina el campo de forma tan grosera. El Rayo Vallecano, con un orden táctico admirable y un golazo de Jorge de Frutos, tenía el partido donde quería. Pero claro, el cronómetro en Chamartín es elástico hasta que el Madrid marca.

La jugada de la discordia llegó en el tiempo de descuento, en ese "minuto 99" que solo existe para los blancos. Una caída de Brahim Díaz tras un contacto inexistente de Mendy fue señalada como penalti. Kylian Mbappé, especialista en cobrar facturas que no ha trabajado, anotó desde los once metros para rescatar a un Madrid gris. Pero no fue el único favor: el colegiado obvió las constantes simulaciones de Vinícius Jr., que se pasó más tiempo protestando y pidiendo tarjetas que jugando al fútbol.
Un vestuario fuera de control

Lo que más indigna no es solo el error arbitral, sino la actitud altiva de los jugadores merengues. Es vergonzoso ver cómo acosan al árbitro ante cualquier decisión que no les favorezca, con un ataque sistemático al colegiado que parece una estrategia ensayada. Vinícius y compañía han convertido la queja en su primer sistema de juego, buscando condicionar a un árbitro que, una vez más, claudicó ante la presión de la grada y la camiseta.
Mientras tanto, el Rayo terminó con nueve jugadores tras las expulsiones de Pathé Ciss y Pep Chavarría. Dos rojas directas que contrastan con la impunidad de la que gozan los locales, que repartieron estopa durante todo el encuentro sin que el VAR se dignara a intervenir.
Por si el escándalo sobre el césped no fuera suficiente, el ambiente en las gradas terminó de retratar la crisis de identidad que vive el club blanco. Lo que antes era un santuario de apoyo incondicional se transformó hoy en un juicio sumarísimo: una atronadora pitada retumbó en el Bernabéu tanto al descanso como al final del encuentro. La afición, harta de un juego mediocre que solo se sostiene con favores externos, dirigió su ira no solo hacia unos jugadores indolentes que caminan por el campo, sino directamente al palco. Los gritos contra la directiva fueron el reflejo de un madridismo que ya no puede ocultar el sol con un dedo; ni siquiera los goles de penalti de Mbappé logran tapar la fractura social de un estadio que empieza a cansarse de ganar con sospechas y sin fútbol

Si para ganar el Madrid necesita que el partido dure 100 minutos, que se inventen penaltis y que sus jugadores se comporten como si estuvieran por encima del reglamento, entonces no estamos ante una competición justa. Hoy el Rayo se va con la frente en alto y las manos vacías, víctima de un sistema que siempre sonríe al mismo lado....






Comentarios